No me llames Dolores, llámame Deirdre (que vende más)

urlNo es nada nuevo, pero siempre me sorprende la capacidad de los españoles para dar por sentado que todo lo que viene de fuera es mejor (o en el caso de lo que viene de China, si no mejor, al menos más barato e inquietantemente parecido a sus modelos originales). Por suerte para tod@s, esta costumbre todavía no ha afectado al jamón de Jabugo. Por desgracia, no se limita a los coches o la moda, sino que se ensaña especialmente con el mundo de la cultura.

Dejando de lado la cuestión del séptimo arte, esta mañana de camino al trabajo me dio por reflexionar sobre hasta qué punto ese mito de la calidad extranjera ha minado nuestro panorama literario. A ver, soy filóloga inglesa y como tal, consumidora habitual de libros publicados en la lengua de Shakespeare, entre los que por supuesto se cuentan piezas de innegable calidad. Pero encuentro desolador que al visitar cualquier librería, casi el 50% de lo expuesto (o al menos de lo destacado) son obras de autores americanos, ingleses o nórdicos. Y la cifra aumenta en el caso de la novela negra o la rosa. Es lo que vende. Y todos sabemos que al final, eso es lo único que le importa a la editorial o la librería.

Curiosamente, los españoles también hemos desarrollado, a lo largo de siglos de picaresca y tácticas de guerrilla por esos montes, el don de adaptarnos al medio en nuestro propio beneficio, por más duras que sean las condiciones. Me explico. La primera vez que vi el nombre de Megan Maxwell en la portada de un libro, di por sentado que se trataba de una autora extranjera. Así que imaginaos mi sorpresa al enterarme de que era española (aunque de padre americano) y que había cambiado su verdadero nombre, Carmen, por el de la protagonista de su primera novela. Algo así como una Fernán Caballero a lo guiri. Después descubrí que en este mundillo de la novela romántica y la auto-publicación, utilizar un seudónimo de musicalidad anglosajona se ha convertido en la mejor forma de llamar la atención de aquell@s lector@s que, por sistema, eligen lo extranjero por encima de lo autóctono. Olivia Ardey, Amber Lake o Jezz Burning son sólo algunas de las autoras que en su momento optaron por ello, y les va muy bien… lo cual demuestra que en nuestro panorama literario hay calidad de sobra para abarrotar estanterías.

Quizá el verdadero problema de esta falta de confianza en lo nuestro tenga su origen en el complejo de inferioridad que llevamos arrastrando los españoles desde… bueno, iba a decir desde aquellos años en los que mis abuelos, como los de much@s otr@s, se fueron a trabajar a Alemania con lo puesto, pero puede que tengamos que remontarnos a varios siglos atrás, cuando los ingleses nos devolvieron unos pocos barcos y otros tantos marineros de aquella mal llamada Armada Invencible.

En fin, que hay momentos en que me dan ganas de irme al registro y cambiarme el nombre por otro con más gancho literario. Quizá Gina Matt lo tendría más fácil para colarse en las listas de los más vendidos o llenar escaparates.

¿Qué pensáis vosotr@s?

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